sábado, octubre 01, 2005

Escatológica

y todo pega vueltas, vueltas para mi,
mi voz se esfumó y ya no siento los pies
canté mil canciones de amor y ahora no me puedo mover...
139 lexatins
Fito Páez

por qué inicié con este fragmento, la verdad porque recordé en reflujo, lo cual hace más vívida la imagen, la saliva gangrenada, producto de la gastritis, de esta mañana tan cruda de sábado. vuelto mierda, física, es cierto: me había cagado mientras dormía. qué mal sueño tuve.
sufro de estreñimiento, ¿ por qué me relajé tanto que desperté envuelto en mi propia mierda?

Ahí se la dejo, curioso lector, pero le doy una pista: ¿ recuerda a Spud, el empanicao de Trianspotting? Por ahí va la caca buscando el cauce.

A mi me gusta cagar, la verdad. Me gusta culear. Pichar también. Fumar cuando es placentero. Y meter cuando se hace estrictamente necesario. Caminar, que no deambular, no soy cualquier ijueputa sinvergüenza que se la pasa por ahí, deambulando, precisamente; tengo puntos fijos y paisajes urbanos que me encantan, así como una delimitación bastante precisa de lo que es Bogotá, de lo que no me asquea, de lo que no me falsea, que no rendiré por un apartamento en los rosales o un trabajo de mierda en la 127. Lo confieso: no me gusta trabajar, o no al menos de la forma en que lo hacen los demás. no quiero ahorrar. no quiero primas. ni cesantías. ni eps. ars. caja de compensación. no quiero patrones. no quiero ser siervo. ni esclavo. y en ésas he estado durante casi diez años y pienso permanecer otros cuarenta.

Pero, dejando de lado la disgresión sobre los "estilos de vida", amanecí cagado, con aliento de perro del infierno, un poco más viejo. Es patética la percepción que un individuo tiene de sí mismo. En mi caso me llama la atención encontrarme con el mismo tipo desde hace 29 años, insoportable, cretino y díscolo. No tengo espejo, pero la imagen que devuelven las vitrinas es asquerosa, ¿ cómo pretender vivir con semejante adefesio, carente de belleza y armonía, que es este amasijo de mierda con huesos? Algo me veré que aún anhelo, antes que pulir un verso, ser el nuevo rey del porno underground.

Anoche, antes de continuar con la ronda de alcohol, hice una parada en uno de los cuentos de Acid House de Irvine Welsh, Euroescoria, aquel que trata del protagonista que se come a una asquerosa mujer grasienta sólo para hacerle daño a un tercero y termina haciéndose daño a sí mismo ( claro, soy excesivo: el protagonista no se hace daño a sí mismo. Discrepo con Trent Reznor sobre ese supuesto autocastigo que, en últimas, es autocompasión) Vuelvo al relato: el mancito se come por el culo a Chris, así se llama la hembra que tiene una horrible cuca, producto de un jueguito de botella con una amiguita. Le destroza el culo. Le rompe el ojete. Qué delicia. Y le queda una sensación como la de restregarse todas las mañanas con manteca para fritar maduros. Restregarse y no poderse secar. Qué cagada. Pues así me siento desde hace unas horas. Me veo cagado acercándomele a alguna pornomodelo de la televisión para darle un abrazito confianzudo. Espléndido, ¿no? Bueno, el final te lo buscas tú.

Lo que más me gusta de cagar es que de tanto pujar el único resultado es esa protuberancia café, con estrías rojas o amarillas, que, ¡plash!, zambulles en el inodoro. Claro, si eres suertudo y no padeces de estreñimiento. Hombre, cagar y comer son complementos: una historia social de la cagada es muy necesaria en la sociología, la antropología, la economía. La nacional debería abrir una Manuel Ancízar que reflexionara sobre el valor económico, simbólico, de la mierda. A lo mejor, semejante esfuerzo podría servir para que mantuvieran unos excelentes baños: imagínense la ilustrísima cátedra de Héctor Ramírez desde el egregio sanitario, todos peando sonoramente, evitando el incómodo ritual del aplauso. Guau, qué chimba. Cagar, libera. No te quepa la menor duda. Pero si no puedes cagar, o te cuesta mucho, déjame decirte que te vas muriendo muy lentamente porque el espacio sagrado del sanitario se desaloja de tu presencia, y no hay nada más patético que abandonar ciertas rutinas a medida que vas envejeciendo dado que el sanitario es para leer cagando, para contestar las llamadas del celular y emitir un pedo en hi-fi ante un reclamo imprevisto, para escribir poemas, para cantar cagando y, de vez en vez, para follar, para pajearse o para esconderse de la señora que te cobra el arriendo que te gastaste la noche anterior jartando solo como otro marginal más.

Cagar es metafísico. No sé si estoy de vuelta de todo, pero cuando medito con serenidad sobre el estreñimiento lo he relacionado con la vida: tanto esfuerzo para alcanzar metas, para hacerse a una imagen, para labrar una reputación, para conseguir el amor de alguien a lo largo de esta puta vida y qué, uno termina debajo de dos palmos de tierra enmierdada, siendo alimento de gusanos y parásitos de algún niño sobrealimentado con dulces. Sólo cagando con dificultad me he dado cuenta de esta perogrullada: tanto esfuerzo pa volverse mierda. Me he imaginado los restos de mi viejo y de mi abuela: pedazos de mierda. Así terminaremos tú, yo, Trent Reznor y los demás.
¿Seremos mierda generosa, fragante, consistente, o una plasta amarillenta tirada en una esquina con toda la intención de hacer caer al primer malparido que se cruce en tu camino? No lo sé, hoy mis pedazos no tenían semejantes tonalidades.

viernes, septiembre 30, 2005

Miranda



Quiero contarte la historia de un encuentro fortuito Miranda con una raíz trenzada de Baobab
negra con el sabor amarillento del papel que la conservaba del naufragio entre
las hojas de un viejo cuadernillo que rememoraba en nuestras palabras
la palabra poderosa de Aimé Césaire padre del Baobab y del arduo cabello de Nadja
durmiendo entre mierda de palomas en la derruida catedral de Notre Dame de Orleáns


Quiero cantarte este romance de amores ardientes conservados en los surcos de la raíz para que la fuerza de lo evocado sea un filtro que eleve la armonía adventicia a la luna eterna Miranda
a tu errancia cederé con la síncopa felina que acompaña el rasgueo de una cueda mora

Quiero nombrarte canto de río para que eríjas el árbol ptoloméico que estruje el entramado celestial
para que fluyas palabra luvina en los hombros de Robert Johnson redivivo entre la lama de la desgracia para que despejes el color psicótico del pintor de un solo trazo para que abras la pendiente por la que ruede el ancestro remoto azul caminante de las manos generosas y el fruto carnoso de los sabios movimientos percutivos y el silencio oportuno entre el rumor de la palabra

Miranda nunca agotada
a imagen de tu madre aguardando un hombre como si fuera un blues sin ningún remedio para la distorsión
blues falling down like hail
bella enfermiza compulsiva mujer de senos caidos y extraña sonrisa enajenada
amarrando por la raíz ese esquivo sexo enredado en los pliegues delirantes del sanctasanctórum venusino que es origen y presencia te conjuro ante la presencia del rebis immaculata
gesto de la flama ante el pozo del arúspice palmoteo que estremece la celda monástica
oh canción de la vida profunda
brinda el ámbar a los que piden bajo las aguas una pisada antes de ser marcada

Palimpsesto Miranda remanso de tormenta tropical que aguarda la tromba germinando en la escala cromática de una conjuración demoníaca y repugnante te invoco esfuerzo alquímico del ausente
por hacerse presente a través de serenos gases del hambre por el cuerpo exangüe de la víctima que ha visto sucumbir a todos menos al Baobab eslabón pedernal llama grito palmoteo en la celda monástica ebrio que funge sacerdocios sobre la lisa superficie de tu culo abierto
tu culo llamador

Te canto éxtasis de higuera inquisidora por su origen en este infierno de borrascas arcanas y de encendidas diatribas contra la impiedad del Padre vagabundo que derriba Baobabs para machacar sus raíces y difuminar la poesía retomaré los pasos del viejo profeta
got to keep movin'
got to keep movin'
blues fallin' down like hail
cruzaré entre tus piernas el desierto para olvidar la lengua de los antiguos anhelos y sumirás en fuego egregio las vibraciones perversas que anhelan arruinar el sonido que predestina tu nombre
hmm hmm hmm mmm